‘La Siempreviva’ escrita y dirigida por Miguel Torres en la Casa del Teatro Nacional

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Estrenada en 1994 cuyo tema central es el de los desaparecidos del Palacio de Justicia, con más de mil presentaciones hasta la fecha, seleccionada por la Revista Semana en su encuesta de fin de siglo entre críticos, especialistas y público en general, como una de las 5 obras más importantes del Teatro Colombiano del siglo XX y de descollante figuración en eventos internacionales.

La Siempreviva

La obra se basa en una patética realidad de la historia reciente de Colombia: el holocausto de la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. El argumento no parte, sin embargo, del hecho histórico. Más bien el acontecimiento “irrumpe” dentro de una historia que se desarrolla con situaciones, personajes y conflictos propios dentro de una casa del barrio La Candelaria de Bogotá.

Lucía, viuda madre de dos hijos, Julieta y Humberto, se ve obligada a convertir su casa en inquilinato para poder sobrevivir. La casa termina por ser hipotecada a uno de los inquilinos, don Carlos, un usurero dueño de una prendería, quien poco a poco se va apropiando de las pertenencias de los demás, hasta el extremo de cobrarse sus deudas con los favores de una atractiva inquilina, Victoria, una manicurista sometida al yugo machista de su marido, Sergio, mesero y payaso ocasional. Esta pareja conforma el nudo pasional de la historia.

Julieta, la hija de la viuda, es una joven seria que rechaza los consejos de su madre, presionada por la situación económica, de aceptar las pretensiones amorosas del doctor Espitia, su profesor de tesis. Ella prefiere trabajar en empleos temporales para costearse su carrera de abogada, Uno de esos empleos es, precisamente, el que está desempeñando en la cafetería del Palacio de Justicia cuando sobrevienen los trágicos sucesos que producen su desaparición.

La cotidianidad inicial, matizada de humor y de ironía, se va transformando en el drama individual de cada inquilino en su relación con los otros, principalmente en el drama de una madre desesperada que no se resigna a la desaparición de su hija y lucha con todas sus fuerzas para recuperarla, hasta acabar devorada por el infierno de la locura.

Julieta Marín, la desaparecida, será la siempreviva, la que algún día, anclado en las esperanzas de la madre, volverá a entrar por la puerta por la que salió para irse a trabajar, la mañana del 6 de noviembre de 1985.

LA OBRA

El conflicto central que aglutina los diversos núcleos de la historia, es el de los desaparecidos del Palacio de Justicia. La obra explora los trágicos sucesos ocurridos en noviembre de 1985 y sus dolorosas consecuencias al interior de una casa de inquilinato del barrio La Candelaria, de Bogotá. Realidad que la obra no ilustra como documento sino que rebasa y cuestiona a través de una ficción teatral bordada de símbolos y metáforas, elaborando una imagen despiadada y poética del acontecer cotidiano, plena de humor y de ironía. “La Siempreviva”, es una profunda reflexión que nos indaga a fondo acerca de la violencia y la barbarie, la soledad y la desolación, el desquiciamiento y la locura que vive y sufre actualmente nuestro país. Es un teatro que nos identifica, nos emociona y nos golpea hasta lo más profundo de nuestra conciencia. Una obra que pone su dedo grande en la más reciente y honda herida por donde sangra nuestra memoria.

Autor y director: Miguel Torres

Diálogos: Miguel Torres, Darío García y Luis Felipe Salamanca

Elenco: Carmenza Gómez, Lorena López, Pablo Rubiano, Alfonso Ortiz, Jenny Caballero, Gilberto Ramírez y Eduardo Castro

EL DIRECTOR

Miguel Torres

Miguel Torres nació en Bogotá y desde muy joven se vinculó a la actividad teatral. Cursó estudios de arte dramático en la ENAD de Bogotá y en la Universidad de las Naciones de París. En 1970 funda El Local, grupo de teatro que dirige desde entonces. Ha realizado numerosos montajes teatrales, entre ellos La Cándida Eréndira, Bodas de sangre, El Círculo de Tiza Caucasiano, El proceso y La siempreviva, seleccionada por la Encuesta de Fin de Siglo de la revista Semana como una de las cinco obras más importantes del teatro colombiano del siglo XX. Cuentos y relatos suyos han merecido premios y menciones y figuran en diversas antologías. Es autor de los libros de cuentos Los oficios del hambre (1988) y Ladrón durante el alba (beca de creación Colcultura, 1994), y de las obras de teatro La siempreviva (beca de creación Colcultura, 1993) y En carne propia (Primer Premio, Concurso Bogotá Historia Común, 1998). El guión adaptado de La siempreviva obtuvo el Premio Nacional de Guión en 1999. También ha publicado las novelas Cerco de amor (Premio Único del Concurso Internacional de Novela Imaginación en el Umbral de la Alcaldía Mayor de Bogotá, 1999), El crimen del siglo (2006, finalista del VIII Premio de Novela La Mar de Letras 2010, Barcelona), Páginas quemadas (2010) y El incendio de abril (Finalista Premio Nacional de Novela 2014).