El gran ‘Big Ben’ se ha inclinado 46 centímetros a la izquierda

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Como si fuera una versión británica de la Torre de Pisa, el Big Ben se está inclinando… y, al mismo tiempo, el Parlamento está hundiéndose lentamente en el Támesis. La inclinación de la Torre del Big Ben (96 metros de altura) es de 46 centímetros a la izquierda. Y para su enderezamiento ya hay propuestas sobre la mesa que van desde una reforma con un costo de unos 1.200 millones de euros hasta la posibilidad, según el Daily Telegraph, de venderlo a inversores rusos y chinos.

La torre del reloj, quintaesencia de la capital inglesa, comenzó a inclinarse hace muchos años hacia el noroeste. Hoy no se necesitan cámaras especiales, ni complejas tecnologías para observarla: basta con el ojo humano. A simple vista se aprecia la inclinación.

El icónico y emblemático Big Ben hunde sus orígenes en el siglo XI, aunque la torre no fue acabada hasta 1859. Según una investigación oficial publicada en 2010, la inclinación se intensificó entre noviembre de 2002 y agosto de 2003 por razones desconocidas. A tono con la alicaída sensación de crisis económica que se respira en el Reino Unido, a medida que la torre seguía su imparable curso de inclinación proliferaron las especulaciones sobre la posibilidad de vender el Big Ben a magnates rusos o chinos. Una comisión parlamentaria formada ex profeso para el seguimiento del Big Ben tuvo que salir al paso de tales «informaciones». «No hay nada de todo ello. Aquella eventual conclusión sobre una posible venta a los rusos está totalmente errada», señaló un portavoz de la comisión.

Un experto en «construcciones problemáticas» también desdramatizó la situación. John Burland, del Imperial College, quien trabajó en la Torre de Pisa y en unos aparcamientos construidos debajo del Parlamento, señaló a la BBC que no hay motivos de alarma y que tendrían que pasar nada menos que 10.000 años para que la inclinación sea preocupante.

«La inclinación de la torre ha estado a la vista durante mucho tiempo. Y ya era visible cuando comencé a trabajar en la construcción del aparcamiento del Parlamento. Es un proceso normal», dijo Burland. El especialista se mostró igualmente categórico respecto a la garantizada supervivencia del Parlamento. «No hay edificio en el mundo ni en la historia que no tenga fisuras. Que haya fisuras no significa que se vaya a derrumbar», señaló.

Otra teoría que circuló en estos días es que la construcción de la «Jubilee Line» del Metro, inaugurada en 1979, y el aparcamiento de cinco pisos estaban provocando un paulatino desplazamiento del Parlamento. Pero Burland insiste: «Las fisuras no tienen nada que ver con la Jubilee Line ni con el aparcamiento. Hay movimientos que incluso pueden ser beneficiosos porque evitan que haya nuevas fisuras», enfatizó. El actual edificio, con la Cámara de los Comunes y la de los Lores, fue construido después que su predecesor medieval fuera destruido por un incendio en 1834. Requiere constantes tareas de mantenimiento. Pero está dispuesto a durar.