Andrés Calamaro, por primera vez en Colombia

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El cantautor argentino que visitará Colombia en octubre, habla de su venida al país con una abrupta y cortante sinceridad, tan escasa en medio del mar de artistas de su tiempo.

Poder nadar contra la fuerza del río, en dirección contraría a la que se mueve el mundo, es una característica propia de dos especies: los salmones y los artistas marginales.

Es la suerte que el destino les otorgó a sujetos ‘desconectados’ del mundo, como Arthur Rimbaud, Jackson Pollock o, guardadas las proporciones históricas y temporales, un pibe aguardientoso de barrio bonaerense: Andrés Calamaro.

El argentino, que se autoproclamó ‘salmón’ con discos autobiográficos que son catarsis personales, ha dejado su estampa en la posteridad del rock argentino. En sus propias palabras -las muy pocas que entregó en esta entrevista- “fue como subir al Himalaya sin oxígeno o aprender a respirar debajo del agua… Una parte de mi vida”.

Ahora, después de muchos pasos recorridos, Calamaro vendrá a tocar por primera vez en Colombia, 30 años después de iniciar su carrera, para dar tres conciertos: Medellín (16 de octubre), Cali (18) y Bogotá (21).

Sus fanáticos en Colombia lo pedían a gritos desde que sus discos en solitario, especialmente a partir de ‘Alta suciedad’ (1997), conquistaron al público con canciones como ‘Flaca’, ‘Media verónica’, ‘Te quiero igual’ o precisamente, ‘El salmón’. Tanto así fue el reclamo que el famoso productor musical Mario Breuer, quien estuvo en Bogotá recientemente, le llevó la razón: “Pibe, allá están locos por tí”, le dijo.

Ocho empresarios estuvieron luchando desde el año pasado por lograr el concierto hasta que lo logró una alianza entre el Teatro Nacional y Show Business & Entertainment. “Nadie me invitó antes”, asegura el artista.

Con honestidad brutal

Largos días pasaron antes de que Calamaro respondiera las preguntas de EL TIEMPO y, cuando lo hizo, dejó en claro que también es un salmón ante los medios: “Espero ser uno de los mejores músicos desconocidos del mundo. Quizás sea mucho decir”.

Seco, avaro en elocuencia, casi inexpresivo pero contundente en cada disparo, se dejó ver como un hombre de pocas palabras. Tal vez porque las que ha escrito se convirtieron en canciones casi de la nada, cuando actuaba marginalmente como compositor para muchos otros.

Y es entendible su desconfianza: Calamaro no es un tipo de titulares en prensa y tampoco se siente lo suficientemente ‘sexy’ para acaparar portadas.

Ha dejado en claro que le ofenden las fatídicas arengas acerca de si “el rock murió”, pues hoy es una especie de relator de la historia continua del rock de su país, al haber tocado con gente de la talla de Charly García, Fito Páez, Fabiana Cantilo, el flaco Spinetta, el indio Solari, Daniel Melingo y Miguel Abuelo.

Es una suerte de promiscuidad artística que hace a Calamaro un devoto por sus amigos. En su último disco, ‘La lengua popular’, les regala la canción ‘Los chicos’ a los que ya se han ido, como Pappo o Abuelo. Para la banda de este último, Los Abuelos de la Nada, fue que compuso aquel éxito indiscutible ‘Mil horas’.

“Los amigos ausentes. La pérdida (…) le debo mucho de lo que soy a aquellos que me dieron mis oportunidades, y a quienes compartieron conmigo esa vida musical”, explica el salmón.
Dicen los críticos que en ‘La lengua popular’ se revela un Calamaro menos explosivo y denunciante.

En las letras de las nuevas canciones, algunas frases parecen recurrentes hacia una dirección: ‘Vengo liviano’ (en la canción ‘La espuma de las orillas’); ‘Ya no soy el viejo Andrés, que no dormía jamás’ (‘La mitad del amor’) o “hay días sospechosamente light” (‘Mi Gin Tonic’).

“Pero no estoy cansado”, asegura.

Deuda con Colombia

Aunque Calamaro pisó tierra colombiana hace algunos pocos años, esta es la primera vez que actuará en el país. Tiene una deuda pendiente por saldar.

Tras migrar a España, a comienzos de los noventa, el salmón fundó Los Rodríguez y, paradojícamente, fue en ese momento que su nombre empezó a causar revuelo en Colombia. Su versión apasionada de ‘La copa rota’, de Alci Acosta, conectó a dos generaciones de colombianos.

Sin embargo, en ese momento muchos desconocían el papel del Calamaro productor, aquel que aportó la visión del éxito para grupos como Los Enanitos Verdes y Los Fabulosos Cadillacs.
Hoy, muchos suelen llamarlo ‘el Bob Dylan latinoamericano’, tanto quienes lo admiran por su honestidad para componer como quienes los subestiman a ambos por sus voces nasales. De tan somera comparación, solo atina a decir: “Espero que Dylan no se ofenda”.

“¿Puede adelantarnos qué vamos a escuchar en el concierto?”, se le pregunta para cerrar la accidentada entrevista. Y tras una larga espera, responde como el más sincero de los artistas: “Sí”.

Calamaro, Río Abajo

Antes de promover su carrera como solista, Calamaro fue tecladista de las bandas Raíces en (1978) y luego de Los Abuelos de la Nada, Elmer Band, La Ray Milliand Band, Los Zodíaco, Comida China y Las Ligas.

Aunque los discos de Andrés Calamaro que han tenido eco en Colombia han sido los publicados a partir de 1997, la discografía del artista es mucho más amplia, comienza en 1984:

En los ochenta, previo a Los Rodríguez: Hotel Calamaro (1984), Vida cruel (1985), Por mirarte, (1988), Nadie sale vivo de aquí (1989). Aunque captó buenas críticas en la prensa argentina, ninguno tuvo éxito comercial.

Las grabaciones encontradas: Los volúmenes I (1993) y II de ‘Grabaciones encontradas’ fueron testigos de una mejor recepción de Calamaro. La banda sonora ‘Caballos Salvajes’ (1995) y la de ‘1000 boomerangs’ lo catapultaron nacionalmente. La participacion en el disco ‘Chiapas’, un disco de artistas variados que grabó con Café Tacvba, entre otros, le dio reconocimiento como voz política internacionalmente.

Los mejores años: A partir de ‘Alta Suciedad’ (1997), Calamaro se volvió figura del rock latinoamericano. Le siguieron ‘Honestidad brutal’ (1999) la caja de cinco discos ‘El salmón’ (2000), ‘Duetos’ (2001), ‘El álbum’ (2001), ‘Oro’ (2004), ‘El cantante’ (2004) ‘El regreso’ (2005), el exitoso de versiones de tango ‘Tinta roja’ (2006), ‘El Palacio de las Flores’ (2006) y ‘La lengua popular (2007).

Fuente: El tiempo

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