Serrat estará en Colombia al 100×100

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Joan Manuel Serrat y su guitarra. Como hace más de 40 años, cuando salió de Poble Sec, el barrio barcelonés donde nació, y empezó a ir por el mundo “con sus sueños al hombro”.

Así, él y su guitarra, vuelve a cantar en la gira que bautizó Serrat 100×100.

Serrat en estado puro (acompañado sólo por el piano de un viejo conocido). A menos de dos meses de su cumpleaños 65, está en una habitación de hotel en San Juan de Puerto Rico, a miles de kilómetros de casa y a la espera de cantar en esa ciudad. El mes pasado dio veinte conciertos, otros tantos dará en noviembre. El caminante que sabe que no hay camino, no se detiene.

-Usted, un piano y una guitarra. Eso recuerda los comienzos.

-Sí. Lo que ocurre es que al principio fue así por obligación y ahora es por voluntad propia. Si tuviéramos la grabación de cómo fue aquello y la comparáramos con lo que es esto, encontraríamos diferencias sonoras esenciales, diferencias que han dado el tiempo y el crecimiento de las canciones. Lo que he hecho es rescatar la esencia y transmitirla.

-En el escenario estará su taburete, también.

-Claro. Es un viejo compañero. Ese taburete lo rescaté de un tugurio, me lo llevé de un local nocturno y viene conmigo desde hace casi 40 años. Viaja muy cómodo, en una caja preparada para que los golpes no le afecten. Se lo merece. No viaja en primera clase porque no me lo dejan subir.

Joan Manuel Serrat es un tipo de lealtades. Las da y las recibe. El músico que lo acompaña al piano ha caminado con él desde 1969: Ricard Miralles. Alguna vez le oí decir a Serrat que prefería trabajar con buenas personas así no fueran grandes músicos.

-Trabajar con un mal músico no te sirve para nada -dice-. Pero trabajar con un buen músico que no sea buena gente, tampoco. No hay nada que me sirva de alguien que, debajo de su conocimiento, esconda maldad o sentimientos oscuros.

El año pasado vimos a Serrat en plan de atorrante junto a otro amigo suyo, Joaquín Sabina. Ambos en el escenario: dos pájaros de un tiro. ¿Será que después de andar varios meses con Sabina se necesita volver a la calma en esta gira?

-Pero fíjate que el formato de 100×100 nació en el 2005 y dos años después lo interrumpí para hacer la gira con Joaquín. Ahora lo retomé, pero modifiqué su sustancia. Las canciones son distintas, el escenario es distinto. El concierto es distinto.

-Canciones tiene para elegir. ¿Cómo arma el repertorio?

-Busco que las canciones se manejen bien entre ellas, que creen un sentimiento. No busco una línea argumental, pero sí hay elementos que van uniendo el concierto. Me gusta enrollarme con la gente y crear complicidad. Todo esto es cercanía. No hay nada conmovedor que sea distante. Puede ser espectacular, impresionante, no conmovedor. La distancia no da conmoción.

Su disco más reciente es Mo, como los mahoneses llaman a su pueblo (para los forasteros, Mahón) en la isla de Menorca. En el puerto de Mo, frente al mar, Serrat tiene una casa. Allí tiene un estudio, una mesa, un grabador, una guitarra y una cama que no usa “ni para dormir”. En ese lugar austero -ha dicho- trabaja como un monje feliz. Para Joan Manuel, autor de canciones que ya son himnos, Mo (del 2006) es uno de sus mayores discos.

-Estoy convencido -dice-. Si tuviera que juzgarlo, lo pondría por
delante. Lo que pasa es que tiene dos problemas. Está en catalán, lo que reduce su mercado, y está hecho en el siglo 21.

-¿Qué desventaja tiene eso?

-El consumo actual de la música es un consumo de urgencia. No nos damos tiempo para degustar nada. Todo es rápido, eventual.
Hace falta tener predisposición y es una época de grandes urgencias. Los productos no existen, no tienen difusión. El escaparate de la música es muy chato. Y fíjate que hablamos de un disco, Mo, que fue número uno en España, siendo en catalán. Pero eso solo pasa por los que te siguen con fidelidad.

-Hoy está el internet. ¿Qué opina de bajar música por esa vía?

-Internet es una cosa y los buscadores de música, otra. Internet es un mundo maravilloso. Como todo, depende de cómo se use.
Existe un derecho de propiedad intelectual y vulnerarlo no es otra cosa que un robo.

-¿Viene pronto un nuevo disco en español?

-En ello ando. Pero sin prisa, compaginándolo con las giras. A mí me divierte mucho tocar y viajar. Me hace sentir vivo. Ya llegará el momento de parar para tener una buena perspectiva de lo que llevo escrito y meterme en el estudio.

-Supongo que las musas no volvieron a irse de vacaciones.

-¿El síndrome de la hoja en blanco? Sí, está ahí. Forma parte de cualquiera que escriba. Tú como periodista lo debes saber. Lo que pasa es que yo puedo permitirme un lujo que tú no: y es que hay días que peleo con el papel y no me sale nada, o lo que sale no me gusta, y puedo tirarlo e irme a dormir.

A finales del 2004 Serrat detuvo la gira de su disco sinfónico para ir al quirófano: un cáncer de vejiga se había atravesado en el camino.
“No importa qué te pase en la vida, sino cómo lo afrontas”, le oímos decir en esos días, con un optimismo que no abandonó. Pocos meses después estaba en los escenarios.

-¿La música fue importante en esos días de enfermedad?

-La música y el trabajo. Fueron importantes mi familia y la actividad. Me ayudaron a estar bien, a no dramatizar una situación que de por sí es dramática. El trabajo me permitía tener la cabeza en otras cosas. Me sentía vivo, y así enfrentaba aquello que quería impedir mi felicidad y mi vida.

-Nunca creyó que iba a perder esa partida…

-En ningún momento pensé que me iba a ganar él. Tal vez es que soy bastante inconsciente. Siempre he tenido un punto de inconsciencia que no me ha dado mal resultado en la vida.

Ese es Serrat, al que “cuando canta le tiembla el corazón en la garganta” (dijo Sabina). Hace 39 años hizo su primera gira por América. Muchos quisieran tal permanencia en los corazones.

-Uno no se mantiene: a uno lo mantienen. Si sigo, aparte de porque quiero, es porque la gente me lo permite. Si no fuera así, no estaría preparando el concierto de mañana ni escribiendo un esbozo de idea que hace poco tuve para una probable canción.

-¿Y cómo conserva la alegría para seguir de escenario en escenario, de avión en avión?

-Al avión no me subo con alegría, me subo con resignación. Pero agradezco el tiempo del avión porque es un tiempo de soledad y silencio. Y para subir al escenario, pienso en algo que es evidente y a veces no reconocemos como tal: que aquel concierto es el único de mi vida. Los otros ya pasaron y los que están por venir, quién sabe. No hay más. Me abrazo a él.

Serrat habla con esa voz suya, tranquila. Si lo llaman “maestro”, le da cierto picor y cree que lo que quieren decirle es que se hizo viejo -“pero no saben que no tanto”- el muchacho de Poble Sec.
Quedan muchos escenarios, muchos caminos para volver siempre a los suyos: su familia.

-Son lo que amo. Si a mí me arrancan mis amores, lo más jodido que me ocurre es que me muero. En esto soy muy egoísta. Me importa más un dedo de un hijo mío que todas las canciones que pueda haber escrito.

Fuente: El Tiempo

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