Andrés Calamaro presenta su álbum ‘Bohemio’

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Andrés Calamaro

Andrés Calamaro, con banda nueva, dio vida a un disco particular en septiembre de 2013 ‘Bohemio’, disco en el que canta, pero no toca ningún instrumento, que se consolidó con 30 shows, desde Tierra del Fuego hasta México.

 ‘Bohemio’ se inicia con una despedida, y el detalle resulta revelador. Calamaro dice adiós a su maestro, el músico argentino Luis Alberto Spinetta, referente en aquella escena, con quien colaboró en los años 80. En Belgrano, como el barrio bonaerense, se pregunta lo que nos preguntamos todos, qué pasará por la mente en los instantes en que el organismo se apaga y desciende definitivamente el telón. Más adelante, habrá otras ráfagas de mortalidad asumida; la única posible, claro. En “Nacimos para Correr”, que de Springsteen toma solo el título, afirma: ‘’No quiero saber cómo voy a terminar, prefiero que ocurra y nada más’’. Nos queda sin embargo la victoria pírrica del artista — Calamaro lo es desde la cuna: compositor, multi-instrumentista, intérprete, productor— que se resume en ‘’y cada vez que suene mi canción voy a volver a nacer otra vez’’. No hay duda de ello, ¿o acaso han muerto Gardel, Sinatra, Lennon, Camarón? Y, en la conciliadora pero menos “Tantas Veces”, vuelve el azar que todo lo domina pese a nuestros vanos intentos por racionalizarlo: ‘’No puedo evitar la suerte, como no puedo evitar vivir’’.

 ‘Bohemio’ es el álbum a escala tangiblemente humana de Calamaro. Distanciándose de aspavientos y proclamas, aparcando boleros y tangos, el músico que nunca perdió la noción de lo que es La Lengua Popular —ajena a sectarismos y esnobismos, devota del gran público de habla hispana a ambos lados del charco— se nos aparece tal y como es. Sin duda el respaldo del productor y bajista Cachorro López habrá tenido que ver en esta sentida elocuencia, esta naturalidad sin anteojos sombreados. Viejo conocido desde los tiempos de Los Abuelos de la Nada, Cachorro dirige un espléndido conjunto de fluida densidad propulsado por dilecta sección rítmica, donde los teclados se empastan con guitarras acústicas y eléctricas, despuntando por encima de todo la voz, que aquí es una vez más lo principal. Y, pese al autorretrato circunstancial en clave menor, no faltan los cánticos marca de la casa, como “Rehenes”, ni el rock con mucho roll, caso de “Doce Pasos”, en referencia a los programas de desintoxicación. Afirma Andrés que vuelve a estar enamorado y, no nos engañemos, esa fue siempre su mayor adicción.

Ya lo apunta, filósofo, en el primer corte: ‘’Si sabemos que nacemos condenados, ¿por qué somos tan sensibles al amor?’’. La respuesta en estos diez nuevos temas de un Calamaro de frente, reflexivo, bravo, conciliador, adherente, sincero. (Ignacio Julia, Ruta 66 Barcelona).

2013 fue el año en el que se grabó, se editó su nuevo disco y lograron cruzar el mapa. Muchos ensayos y grabaciones. En muchos años, fue la gira más poderosa y completa en la Argentina y Latinoamérica. “Quizás la más intensa de toda mi vida” argumenta el artista.

Indudablemente, a Calamaro se le nota la calma. El cansancio por las giras, la satisfacción por el trabajo realizado y que va mejorando con cada show, también la alegría que le provoca su nueva banda, integrada por Julián Kanevsky y Baltasar Comotto en las guitarras; Mariano Domínguez en el bajo, Sergio Verdinelli en la batería y German Wiedemer en los teclados. Todo, con la supervisión del gran productor Cachorro López.

No sólo “Bohemio”, quizás como a un genio consagrado se puede considerar a Andrés Calamaro… De visita inesperada y taurina estuvo hace unas semanas por nuestro país, y hace tan sólo un par de días presentó en su canal de YouTube un video con una corta muestra de su trabajo como fotógrafo; una plaza de toros y ese show que tanto ama fueron el escenario para dar rienda a suelta a una faceta que encanta al artista argentino y que quedó registrada en su lente bohemia.

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